PERIÓDICO ROCIERO | El Evangelio de este domingo, 8 de noviembre de 2026, nos presenta la conocida parábola de las diez vírgenes (Mateo 25, 1-13), donde cinco jóvenes previsoras guardaron aceite suficiente para sus lámparas a la espera del esposo, mientras que las otras cinco, descuidadas, se quedaron a oscuras en el momento crucial.
Esta Palabra de Dios resuena con especial fuerza en el corazón de todo rociero, invitándonos a una profunda reflexión sobre cómo vivimos nuestra fe y nuestra devoción durante todo el año.
Para un buen rociero, caminar hacia las marismas no es solo un acto festivo de unos pocos días en Pentecostés, sino un estilo de vida que requiere preparación y constancia. La Virgen del Rocío, como Madre y Pastora Celestial, siempre nos señala a su Hijo y nos pide que estemos listos para su encuentro.
El «aceite» del que nos habla el Evangelio representa nuestra oración diaria, los sacramentos, la caridad fraterna y el compromiso con nuestra hermandad. Sin ese sustento espiritual, nuestra devoción corre el riesgo de convertirse en una lámpara vacía: mucha apariencia exterior, pero sin luz interior cuando llega la noche.
Los rocieros debemos ser previsores de la gracia de Dios. No podemos pretender encender el alma únicamente cuando cruzas la raya o cuando estás frente a la reja de la ermita; el verdadero camino se hace día a día, alimentando el fuego de la fe para que, cuando el Esposo llame a nuestra puerta, nos encuentre en vela.
Que la Blanca Paloma nos auxilie con su intercesión para que nunca nos falte ese aceite sagrado del amor y la constancia, asegurando así que nuestra fe permanezca siempre encendida.
Periódico rociero / J. Ruiz S.J / Salamanca







