sábado, enero 17, 2026
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Dejemos de ser contradictorios

Me asusta ver cómo la sociedad se deja arrastrar por las contradicciones e incoherencias que se están promoviendo.

Me asusta que haya gente que se movilice para adoptar animales, pero deja a sus padres mayores en residencias de ancianos y geriátricos. Que no les importe recoger del suelo las cacas de sus mascotas, pero sientan asco de asear a sus ancianos. Que saquen a pasear al perro o al gato, pero no tengan tiempo de pasear con aquellos que les dieron la vida. Me asusta que las personas llamen “hijos” a los animales y traten como animales a sus propios hijos.

Es una incongruencia que se pueda tener tiempo para una semana de romería, pero no para acompañar a tu familiar enfermo en un hospital. Que visites a los que tienes a kilómetros y no tengas agallas para visitar a los que tienes más cerca. Que se esté dispuesto a pagar lo que sea para prolongar la vida, para parecer más joven, pero se apoye el aborto.

Me aterra ver que hay padres y madres que se desentienden de los hijos, (porque también los hay), y que presuman de asistir a comidas y celebraciones benéficas, cuando alguno de sus hijos no tiene ni para comer.

Me asustan los que dan lecciones día sí y día no, como si lo tuvieran todo aprendido, sin dejar espacio para descubrir las maravillas de los demás.

Me asusta que nos quedemos quietos ante las injusticias y que pasen por delante de nuestros ojos como si fueran una película que podemos dejar de ver en el momento que más nos convenga.

Da miedo ver a la gente criticar conductas pero aliarse con aquellos a los que critican si les pueden reportar algún beneficio.

Sin embargo, ante tanta contradicción, todavía hay esperanza de rescatar la bondad del ser humano, que es superior a su mediocridad, porque contemplando la imagen sagrada de la Virgen del Rocío, regresa la paz a nuestro desconcierto, la fortaleza a nuestro cansancio, la luz a los túneles que creemos sin salida. Es Ella la que se encarga de mostrarnos de nuevo el camino, de recordarnos cuál es el rumbo y de esperarnos en la orilla por si, arrastrados por la corriente, naufragamos por culpa de creernos superiores y autosuficientes.

Sin Dios estamos perdidos. Sin Fe nada se puede conseguir. Pero todos los miedos, todas las negligencias de este mundo se pueden superar si anteponemos el amor por encima de todo y Ella, nuestra bendita Madre del Rocío, es el mejor puente para lograrlo.

Francisca Durán Redondo

Directora de periodicorociero.es

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