DIRECCIÓN PERIÓDICO ROCIERO | Francisca Durán Redondo | Vivimos a contrarreloj, con los ojos fijos en pantallas parpadeantes, devorando titulares urgentes y atrapados en un ruido constante que a menudo anestesia el espíritu.
En medio de esta vorágine contemporánea, donde parece que lo inmediato se come a lo trascendente, ocurre un fenómeno que desafía toda lógica moderna. Al levantar la mirada, descubrimos que la devoción a la Virgen del Rocío no es un eco nostálgico del pasado ni un rito encapsulado; es una fuerza viva, latente y transformadora, con una fuerza descomunal en pleno siglo XXI, rescatando al ser humano de su propio aislamiento cotidiano.
Esta devoción traspasa hoy cualquier frontera física y generacional para instalarse en el centro de los debates de nuestra sociedad. En ciudades cosmopolitas y en hogares situados a miles de kilómetros de las marismas, hombres y mujeres de toda condición encuentran en su rostro un anclaje de autenticidad. No es una fe de escaparate, sino de una respuesta real y palpable a la sed de trascendencia que padece el mundo actual.
El Rocío se ha convertido en un pulmón espiritual para millones de personas, un espacio de resistencia cristiana donde se frena el egoísmo y se aprende, de verdad, el significado de la palabra fraternidad.
Bajo su amparo, el individualismo imperante se disuelve para dar paso a una inmensa red de apoyo mutuo y de caridad silenciosa.
Al final del día, cuando el sol se ocultó por completo, y empiezan las vueltas a la cabeza, o las preocupaciones familiares, laborales, económicas o de salud pesan más de la cuenta, la mirada se dirige hacia esa Madre que sostiene al Pastorcito Divino. Es ahí, en la intimidad de la oración contemporánea, donde la Virgen del Rocío opera su mayor milagro social: humanizarnos.
La Virgen nos enseña a mirar al prójimo sin juzgar, a compartir el pan en tiempos difíciles y a mantener una brújula ética basada en el Evangelio. Su amor es el faro que guía a una sociedad que a menudo camina a ciegas, recordándonos que, por mucha tecnología que nos rodee, el motor del mundo sigue siendo la compasión, la misericordia, la generosidad y esa inmensa paz que solo se halla al cobijo de sus manos.
Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es







