InicioEditorialOcho años de la procesión extraordinaria de la Virgen

Ocho años de la procesión extraordinaria de la Virgen

En el presente 2026 se cumplirán ocho años, estimados lectores, ocho años de aquel 8 de septiembre que vimos a la Santísima Virgen del Rocío pasear por las calles de la Aldea, en su procesión extraordinaria, con la que se abrían los actos que conmemoraron los cien años de su coronación canónica.

Por donde Ella pasó no faltó ni gloria, porque la Virgen es la gloria misma.

Desde su salida del Santuario hasta que de nuevo regresó a él, estuvo acompañada de un fervor que se acrecentaba por segundos, de rostros que no ocultaban sus lágrimas, de emociones que afloraban en forma de piropos, de cantes que expresaban oraciones, de oraciones que no se decían con palabras, de palabras que respetaban los silencios, de silencios que estallaban en nuestras manos, de manos que eran letanías dando palmas y de palmas que volvían a enmudecerse entre salves.

La Virgen regó de Rocío cada grano de arena, cada corazón sediento de esperanza, cada alma escasa de fe, cada mirada que había perdido el rumbo… Lo regó todo de Rocío y lo llenó todo de luz.

La noche no brilló más por el bello espectáculo de los fuegos artificiales que sobrepasaron la espadaña del Santuario, queriendo rozar el cielo. La noche brilló más porque el cielo bajó a la tierra para coronar de estrellas a la Reina de las Marismas, la que consigue atraparnos los sentidos en menos tiempo de lo que dura un chasquido de dedos.

La Virgen no pasó de largo, pasó para barrer con su manto las penas que nos atormentan, pasó para dejar una estela de luz por la que podemos seguir caminando, pasó para dejarnos las puertas de su corazón abiertas, pasó para que fuéramos conscientes de las grandezas del Señor en nuestra historia, pasó para que sintiéramos la fuerza de su presencia, pasó sin irse, porque Ella quiere permanecer para siempre.

Parece mentira que vayan a cumplirse ocho años, pero siga rondando en mis pensamientos esa bellísima estampa que nos transportó de un salto a otros tiempos, a otro siglo, a otras realidades, en las que la Virgen estuvo, como ahora lo está, por encima del tiempo, por encima de nuestras miserias, por encima de nuestras debilidades.

Cien años después de que fuera coronada canónicamente, la Virgen del Rocío volvió a convertirse en centro de devoción masiva, absoluta y rotunda.

Que Ella siga llevándonos de su mano, sin soltarnos, ni a nosotros ni a los que dentro de cien años serán testigos de lo que nosotros hemos vivido ahora.

Francisca Durán Redondo

Directora de periodicorociero.es

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