Mis queridos Reyes Magos, Majestades del lejano Oriente:
Como si me sintiera de nuevo una niña me dispongo a escribiros mi carta, (la segunda de este año), con la esperanza de que el Cartero Real todavía tenga tiempo de venir a recogerla y entregárosla antes de que cabalguéis por las calles de mi tierra y de todas las tierras del mundo.
Hoy brillarán los ojos de muchos niños. Yo quisiera que uno de vuestros regalos sea llevar brillo y alegría a aquellos que sufren.
Ustedes sabéis, mejor que nadie, que estos últimos no han sido años fáciles. El mundo entero ha estado sometido a la batalla de una crisis sanitaria y económica que ha dejado sin salud, sin vida y sin trabajo a numerosas familias. Catástrofes naturales han arrasado con familias, hogares, recuerdos. Da pavor pensar en los conflictos bélicos que hay en toda la tierra… Pero hay otras crisis más profundas y más peligrosas, las crisis de la indiferencia, las de la falta de amor, de Fe y de valores. Aún así, ya se ve la luz que a todos hace falta.
Dentro de mi corazón veo los rostros de muchos rocieros que se acercaron a la reja de la Virgen del Rocío buscando su consuelo, implorando su ayuda. No sé qué pedían, en esa intimidad, a la Reina de las Marismas pero yo os ruego que, ya que tenéis tanta confianza con el Rey de Reyes, consigáis para ellos la liberación de sus almas y aquello que necesitan. Que les llevéis ilusión a los que la perdieron, amor a los que se sienten solos, esperanza a los que piensan que sus situaciones no pueden cambiar, trabajo a los que se quedaron sin empleo, casa a los que no tienen un techo bajo el que dormir, comida a los que no tienen pan que acercarse a su boca, estabilidad a los que sienten como si estuvieran andando sobre una cuerda floja, prosperidad y éxito a los que luchan por mantener en pie sus empresas, Fe a los que dicen que creer no sirve de nada, apoyo a los que solo encuentran desprecio e incomprensión, alegría a los que viven envueltos en las tinieblas de la tristeza, paz a tantos corazones que parecen llevar siempre un arma cargada, proximidad a las familias que perdieron su unión…
Yo sé que, junto al oro, al incienso y la mirra, también llegaron gotas de Rocío hasta las plantas del Pastorcito, el mismo que cada día riega la tierra y salpica los campos. Que ese Rocío, llegue de vuestras manos, en otro cofre, a todos los hogares y se empapen de Fe los corazones de los rocieros y todo lo que rogamos ante la reja de la Virgen del Rocío, venga a partir de ésta noche mágica, como regalo de Reyes Magos.
Recibid mi agradecimiento, mi admiración y mi respeto, mi cariño y mi ilusión de siempre.
Os espero.
Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es









