El tiempo… ¡Cómo hubiera querido Almonte parar el tiempo y recrearse en tu mirada eterna y acariciar las horas para que no apresuraran su ritmo de siempre!
Pero llegaste aquel caluroso día de agosto, cuando las flores nacieron sin ser primavera para cuajar de colores tu gracioso sombrero. Reverdecieron los pinos del Camino de Los Llanos, reflejándose en ellos el color de tus ojos, y avanzaste entre clamores de peregrinos hasta tu tierra deseada.
Salvas de escopetas anunciaron tu llegada al Alto del Molinillo, donde otra vez Almonte descubría tu belleza y la singular ternura con que los proteges y la sonrisa arrebatadora que dibuja el bronce en tu semblante.
Y con tu vestido de viaje paseaste toda la Gracia que tu rostro derrama desde el Chaparral hasta la Iglesia que aguardaba tu regreso desde hacía siete años.
Tu Niño fue testigo, otra vez, de aquella primera Salve, y de todas las que, a diario, antes de que la iglesia cierra las puertas para tu descanso, han ido los almonteños a rezarte.
Y entre rezos y visitas fueron pasando los días que nos permitieron verte, primero de Pastora, después como una Reina que nos hizo contemplar estampas de otros tiempos, luego en tu paso de plata y hace solo unos días paseando tu realeza por las calles de tu pueblo, engalanado hasta la bandera para verte pasar.
El tiempo… ¡Que no corra el tiempo ahora! Porque solo son cuatro los días que nos separan de tu ausencia en el altar de la Parroquia de la Asunción, el lugar donde permaneces a pocos momentos de tu vuelta a la Aldea. El sitio en el que has visto llegar a los abuelos para saludarte a tempranas horas de la mañana, y a las mujeres preñadas de esperanza que te encomiendan a sus criaturas, y a los niños cuando acuden a sus tareas escolares, y a las madres que hacen una parada en sus faenas para ir a verte, a hablarte o a mirarte, sin más, por disfrutar un ratito de tu compañía. El rincón que se te ha quedado pequeño de tantas penas y alegrías amontonadas bajo tu manto.
Con los ojos aletargados de imágenes de tu procesión de Reina por el pueblo, con la grabadora del corazón intentando archivar en el alma los sonidos que han perseguido tu consuelo, nos encontramos ante ti, apurando las horas, los minutos, los segundos… Y una irremediable melancolía se aposenta en el desván de los sentimientos, doliéndonos en lo más hondo porque te veremos de nuevo partir y nos tocará esperarte en Almonte hasta que vuelvan a cumplirse otros siete años.
El tiempo, ese bálsamo que dicen que cuando pasa termina curando heridas, hoy se nos vuelve indomable y no podemos pararlo para que no te vayas, pero en cuanto lo hagas, aquí estará tu pueblo, contando los días para que vuelvas.
Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es
Publicado en Periódico rociero en el año 2013, cuando faltaban cuatro días para que la Virgen regresara a su Aldea y que hoy rescatamos de entre nuestros recuerdos, con motivo de celebrarse este año el diecisiete aniversario de periodicorociero.es









