Hoy recordamos esta editorial del año 2022, con motivo del éxodo que vivió el pueblo Sirio y que hoy rescatamos del baúl de estos diecisiete años que en el 2026 cumple Periódico Rociero.
El éxodo que está viviendo el pueblo Sirio es el éxodo que en siglos pasados vivieron otros pueblos de la tierra, el mismo que podría tocarnos vivir a cualquiera de nosotros.
La llamada del Papa Francisco a acoger a refugiados no se ha hecho esperar, desde numerosos sitios se les está dando acogida a familias enteras, auxiliándoles y consolándoles en estos momentos de desarraigo de su tierra, de sus costumbres, de su historia, de su cultura…
Grandes corazones han abierto las puertas de su casa de par en par para ayudar al que llega sin nada, con solo lo puesto, con lágrimas en los ojos, el alma desgarrada de dolor e impotencia y dejando atrás casas destruidas, seres queridos a los que la guerra engulló, y sus recuerdos más valiosos reducidos a ceniza y escombros.
Cualquiera de nosotros podría ser uno de ellos, cualquiera de nosotros podría estar en el mismo lugar en el que ellos se encuentran, cualquiera de nosotros podría estar viviendo este éxodo a ninguna parte, sin rumbo fijo, sin más señas que aquellas que Dios les va marcando conforme avanzan por algún camino.
Muchos llegan a Europa, otros a América… Se nos grita directamente al alma, el clamor de caridad y solidaridad es estremecedor, aterrador, brutal. Pero aún así, hay quien prefiere seguir haciendo oídos sordos. Hay quien continúa pensando en que “cabremos a menos” si somos más, que “cómo vamos a ayudar a tanta gente si no tenemos para nosotros”, que “ahora serán los refugiados los que se queden con el poco trabajo que hay”…
Opiniones para todos los gustos y colores se desparraman por doquier, pero la llamada del Papa Francisco es persistente: “Abrid las puertas, acoged, tended la mano”.
Se nos olvida que, a pesar de no haber trabajo, muchos han rechazado el que le dieron. Que a pesar de las cifras apabullantes del paro, muchos optaron por seguir en la lista del INEM, que es más fácil cobrar una ayuda social antes que meter el hombro en lo que va saliendo aunque no sea del todo de nuestro gusto.
Los que llegan se quedan con las migajas que otros tiran al suelo, pero no es para eso para lo que se nos pide ayuda. El Papa no cesa en su petición: “Abrid las puertas, acoged, tended la mano”.
No sé a cuántos riesgos nos enfrentamos ante esta oleada, pero creo que el mayor riesgo que corremos es el de habernos quedado de brazos cruzados y no hacer nada, el de haber visto pasar por delante de nuestros ojos el dolor y el sufrimiento y volver la mirada hacia otro lado.
Por eso, a la Virgen del Rocío, a la de ojos serenos y mirada dulce, le suplico que nos enseñe a actuar en conciencia, a poner en la balanza de nuestra vida el amor para que seamos generosos, solidarios, cercanos y fieles a la palabra del evangelio.
Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es









