Realmente sois Reyes y sois Magos. Existís, aunque haya quien se empeñe en demostrar lo contrario. Mientras quede un niño con cara de asombro cuando abre un regalo, mientras quede gente que disfrute más regalando que recibiendo, mientras quede un rostro que no sepa ocultar su emoción… Mientras sigáis mordiendo las galletas que os dejo y bebiendo leche para reponeros del duro trabajo de tan larga noche, podemos seguir asegurando vuestra existencia.
Esa mañana desperté muy temprano. No tuve pereza para levantarme de mi cama. Fui más madrugadora que el despertador de mi mesilla de noche. En el salón no sabía hacia dónde mirar. Me siento realmente agradecida. No sé si merezco tanto, pero para mí ya hubiera sido suficiente con ver la alegría y la expresividad en los ojos de mi madre, con sus setenta y nueve años, que a veces llego a preguntarme si no es una de vuestros pajes, porque consigue llenar de magia el corazón de sus hijos, ilusionarnos, levantarnos el ánimo y ayudarnos en todo. También me hubiera bastado con ver la cara de mi hermano, que a pesar de que siempre intenta parecer inmune a las sorpresas, termina sacando el niño que lleva dentro o el nerviosismo contagioso de mi hermana adoptiva que seguro, recibe el regalo que espera a lo largo de este año, y cómo no, esos ojos azules de un niño, que lo miran todo con curiosidad y hacen que nos suenen cascabeles en los corazones. Son para mí regalos que no tienen precio y que, sin embargo, me traéis todos los días, sin excepción. Pero, además, ese día quisisteis embalar cajas, envolverlas de hermosos papeles, rodearlas con lazos y dejarlas a los pies del árbol de Navidad y del Nacimiento.
Yo no he dado tanto y, aun así, no faltan jamás, ningún seis de enero, la señal de vuestro paso por casa.
Hay regalos que no se compran ni se venden, pero cuyo valor está por encima de todo, por eso no tienen precio. El milagro se produce en el momento en que sabemos reconocerlos y sentirnos agradecidos, profundamente agradecidos, de tener la suerte de poderlos disfrutar, porque vienen enviados por Dios, embalados por Jesús y entregados con infinito cariño por las manos de la Virgen del Rocío.
¡Qué más se puede haber recibido en un día de Reyes Magos!
Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es









