miércoles, enero 7, 2026
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Te deseo el mejor de los viajes

Casi a punto de culminar un año, os compartimos la editorial con que despedíamos el 2022. Terminamos con ello la selección de las doce editoriales que, con motivo del 16 aniversario que ha cumplido Periódico digital rociero, hemos querido recordar para conmemorarlo.

A tan poquito de despedirte, quiero darte un abrazo para desearte el mejor de los viajes.

Me temo que estarás ocupado preparando la maleta. Hazla a conciencia, y no se te vaya a olvidar nada de lo que dejaste, porque siempre te vamos a recordar como un tornado despiadado que se llevó a muchos de los nuestros, inmerecidamente, vilmente; sin otro afán que devorar la salud y arremolinarnos en el miedo.

Pero no quiero maldecirte, porque a pesar de tu insistencia devastadora, hemos desenvuelto desde el dolor la más hermosa de las lecciones, que no ha sido otra que el amor. El amor a toneladas por los que tenemos la obligación de cuidar. El amor que cada familia ha traducido haciendo los más duros sacrificios para mantener a salvo a los que consideramos más vulnerables y, sin embargo, son los verdaderos héroes de la batalla campal que viniste a traernos.

Te bendigo, porque los que se fueron por culpa de la pandemia son luz para nuestros científicos, investigadores, médicos, enfermeras, auxiliares, y todo el personal sanitario. Son luz para los que permanecemos aquí, sin bajar la guardia, con el objetivo de salvarnos, sin hacerte daño a ti, sin un atisbo de desprecio, solo abriéndote las puertas de par en par para que te marches y, por si acaso, para estar preparados por si se te ocurre volver.

Te bendigo, porque no conseguiste dejarnos encerrados. Nuestros balcones se abrieron al horizonte y llevaron el eco de nuestras palmas allí donde el dolor, el sufrimiento y la soledad nos desgarraban las entrañas. Nuestras palmas eran gritos de auxilio y generosidad para todos los que peleaban por salir triunfantes de la enfermedad. No nos encerraste, porque en nuestros hogares había fe, había esperanza y había caridad.

Te bendigo, antes de que termines de partir, porque no conseguiste dejarnos sin procesiones, ni sin ferias, ni sin fiestas, ni sin romerías. Ese fue uno de tus propósitos, pero te vas con la cabeza entre las piernas, porque nuestras Hermandades, de penitencia y de gloria, llevaron a Cristo por todas las calles, más que nunca. Los costaleros soportaron más peso que en los días de la Semana Santa y las carretas se llenaron de una solidaridad sin precedentes.

Quisiste poner un muro delante de nuestras Iglesias, pero los cristianos, los católicos, estamos curtidos en orar en la clandestinidad, y ahí estaba nuestra Iglesia de Jesús, sencilla y grande, haciéndose eucaristía en cada casa, repartiendo entre los necesitados, sin importarle más contagio que el de llevar el Evangelio del consuelo, de las palabras y de las obras donde más falta hacía.

No nos dejaste sin conciertos, porque desde terrazas y azoteas, fuimos invitados sin tener que presentar invitación ni comprar entradas.

Tuvimos que despedir sin público a muchos seres queridos. Sí. Pero un océano de oraciones acabó desatando la paz en lugar de la guerra en cada corazón a los que tocó decir adiós a padres, madres, hijos, hermanos, abuelos, amigos…

Es increíble cuántas lecciones nos has dado. Por eso te bendigo. Nunca llegué a imaginar que tendríamos tanta fortaleza. O sí, porque cuando la debilidad llama a nuestra puerta, acude la de los ojos verdes, la que mirando al Pastorcito Divino parece estar mirándonos a todos, y nos toma de las manos, o se pone detrás nuestra para darnos el empujón que necesitamos.

Vete ya, que se te va haciendo tarde. Llévate la basura que has dejado, que ya has visto que te enfrentabas a personas de fe, y sacaremos fuerzas de flaqueza para hacer brillar una sociedad más bondadosa, más sana y más justa.

Termina de una vez la maleta, no seas perezoso, que solo tienes un día para darte cuenta de que ya tenemos vacuna para plantarte cara, esa que tanto habíamos pedido a la Virgen del Rocío y ha llegado en tiempo récord.

Y por si aún no lo sabes, a Ella le debes que te bendiga y no te maldiga, porque Ella es panacea de todos nuestros males, salud de los enfermos, causa de nuestras alegrías, Reina, Madre y Maestra del Amor, y con su amor te despido, 2.022, deseándote el mejor de los viajes.

Francisca Durán Redondo

Directora de periodicorociero.es

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