La Ilustre Hermandad inició sus cultos el pasado 22 de abril con el tradicional traslado desde la Ermita del Rocío, marcando el inicio de unos días de intensa devoción en el municipio onubense.
VILLARRASA | Redacción periódico rociero | La Ilustre Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Villarrasa concluyó la pasada semana sus cultos anuales de regla, tras la celebración de un Solemne Triduo que ha congregado a multitud de fieles en la Iglesia Parroquial de San Vicente Mártir. Estos actos, que suponen el preámbulo espiritual antes de que la corporación inicie su caminar hacia las marismas, se desarrollaron bajo un ambiente de hermandad y júbilo contenido.
La agenda de cultos dio comienzo el pasado miércoles 22 de abril con uno de los momentos más plásticos y esperados por los villarraseros: el Traslado del Simpecado. A las 19:15 horas, la comitiva partió desde la Ermita del Rocío —sede de la corporación y centro devocional del pueblo— hacia la parroquia, donde a las 20:00 horas se celebró el primer día de Triduo. La llegada de la insignia a San Vicente Mártir, un templo que destaca por su imponente torre del siglo XVIII y su valor arquitectónico en el Condado de Huelva, marcó el inicio de tres jornadas de oración centradas en la figura de la Blanca Paloma.
Durante el jueves 23 y el viernes 24 de abril, las celebraciones litúrgicas continuaron a la misma hora, con una alta participación de hermanos que llenaron las naves del templo parroquial. Villarrasa, que ostenta el orgullo de ser la filial número 44 de la Hermandad Matriz de Almonte (admitida en el año 1974), ha vuelto a demostrar con este Triduo que su devoción es uno de los pilares fundamentales de su identidad. Finalizados estos cultos, la hermandad ya pone sus miras en la próxima salida hacia la aldea almonteña, con el eco de los vivas a la Virgen que aún resuenan en las bóvedas de San Vicente Mártir.







