DIRECCIÓN PERIÓDICO ROCIERO | Francisca Durán Redondo | Da gusto abrir los ojos por la mañana y descubrir que el cielo se ha despertado con un azul radiante, de esos que contagian las ganas de salir a la calle con los brazos abiertos. Hay días en los que el alma se inunda de una energía maravillosa, que nos recuerda lo hermoso que es el simple hecho de estar aquí, compartiendo el tiempo con la gente que amamos.
Esa vitalidad desbordante, que nos brota del alma en forma de sonrisa espontánea y de saludo alegre a los que nos vamos encontrando, es el reflejo más fiel de una fe viva, una fuerza que no entiende de nubarrones y que prefiere siempre celebrar los motivos de fiesta que nos regala la existencia.
Vivir con el corazón entusiasmado nos transforma la mirada por completo. De repente, descubrimos que los milagros cotidianos están por todas partes: en la carcajada de los niños, en los proyectos que compartimos con los amigos o en esa música interna que nos acompaña mientras caminamos por nuestras calles. Es la felicidad de sabernos permanentemente arropados y queridos, de formar parte de algo grande y hermoso donde cada persona cuenta.
Cuando decidimos enfocar el día desde el optimismo y el cariño mutuo, la convivencia se vuelve un espacio luminoso, un punto de encuentro donde da gusto quedarse y donde las ganas de sumar y de ayudar al prójimo se multiplican solas.
Esa alegría tan nuestra, vibrante y llena de compás, tiene un origen muy claro en nuestros sentimientos. Nace directamente de saber que Ella nos acompaña en cada momento dichoso, multiplicando nuestras satisfacciones y guiando nuestros pasos con una ternura infinita.
El rostro de la Virgen del Rocío es una invitación permanente a la esperanza y al entusiasmo, una fuente inagotable de amor que nos impulsa a dar lo mejor de nosotros mismos a manos llenas. Con esa seguridad tan bonita instalada en el alma, y arropados por la gracia traviesa del Pastorcito Divino, resulta imposible no contagiarse de estas ganas inmensas de vivir, de disfrutar y de gritarle al mundo entero lo afortunados que somos.
Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es







