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Eres como el aire que respiro

PERIÓDICO ROCIERO | Francisca Durán Redondo | Frente a ti, Rocío, todo el ruido del mundo se apaga. No hacen falta grandes discursos ni oraciones ensayadas, porque sé que conoces mis pensamientos antes de que se transformen en palabras.

Me acerco con la certeza absoluta del hijo que regresa a casa, con el alma al descubierto, sabiendo que en tu presencia no existen los juicios, solo el refugio.

Te confío mis días grises, las dudas que a veces me pesan en el pecho y también esas alegrías calladas que solo tú sabes interpretar. En esta conversación íntima, Madre mía, descargo mis cansancios con la tranquilidad de quien se sabe infinitamente protegida por tu mirada.

Eres esa presencia constante que sostiene mis pasos cuando la vida se vuelve cuesta arriba. A veces me pregunto cómo es posible sentir tanta paz en mitad de los temporales, y la respuesta siempre me lleva a ti, Rocío de mi alma. Es una confianza ciega, plena, desprovista de cualquier temor, porque me has demostrado que jamás fallas.

Cada petición que dejo a tus pies, cada suspiro que te entrego en el silencio de la noche, halla en ti la mejor de las respuestas. No siempre es la que espero, pero sí la que verdaderamente necesito, porque tu amor de Madre buena sabe guiarme mucho mejor de lo que yo misma sé pedir.

En este rincón del alma donde te guardo, sé que nunca caminaré en soledad. Eres el aliento invisible que renueva mis fuerzas cada mañana, la certeza de saber que, pase lo que pase, tu manto estará siempre extendido para cobijarme.

Hablar contigo, mi Virgen del Rocío, es respirar hondo, llenar los pulmones de calma y reanudar la marcha con la seguridad absoluta de que tu mano jamás me va a soltar.

Francisca Durán Redondo

Directora de periodicorociero.es

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