DIRECCIÓN PERIÓDICO ROCIERO | Francisca Durán Redondo | Se palpa en el ambiente una corriente extraña, un eco frío que desdibuja la autenticidad de nuestras palabras.
Da verdadera pena abrir los boletines, los pregones, las vivencias, los escritos o las crónicas rocieras de un tiempo a esta parte y toparse con textos impecables en la forma, pero absolutamente vacíos en el fondo. Nos hemos aficionado, casi sin darnos cuenta, a la escritura sin alma.
Hoy la moda manda delegar el sentimiento en la Inteligencia Artificial, buscando que una máquina simule la emoción humana para engañar al lector, haciéndole creer que detrás hay una persona real sufriendo por su hermandad o con unos sentimientos impresionantes.
Qué gran equivocación y qué triste paradoja para nuestro mundo. No hay nada más hermoso, ni más puramente rociero, que un hermano plantándose ante el papel en blanco con el único auxilio de su memoria y su devoción.
El Rocío es pellizco, es el polvo del camino metido en la garganta, el frío de la noche en la pará y la lágrima sincera frente a la reja de Almonte. Son vivencias imposibles de codificar. Ningún algoritmo informático, por muy avanzado que sea, sabrá jamás lo que se siente al ver asomar a la Virgen por la puerta de su Santuario, ni comprenderá el peso de su nombre en el corazón.
Recurrir a herramientas artificiales para hablar de la Virgen del Rocío es despojar a nuestra fe de su mayor tesoro: la autenticidad. Al usar estos programas, se cambia el ritmo de un corazón rociero por una combinación fría de unos y ceros.
Los rocieros no necesitamos que una pantalla nos maquille el fervor ni nos dicte cómo debemos confesar nuestro amor mariano. Las palabras más bellas son las que nacen imperfectas pero verdaderas.
Escribamos siempre desde la honestidad de nuestra propia voz; solo lo que brota del alma tiene el poder real de conmover a los demás hermanos.
Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es







