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Llegar con la verdad por delante

DIRECCIÓN PERIÓDICO ROCIERO | Francisca Durán Redondo | Hay circunstancias por las que se pasan, que hacen que la alarma de por las mañanas suene demasiado temprano para el que está cansado de remar a contracorriente.

La vida real ocurre en esos círculos, en distintas realidades, en la cocina a medio iluminar, en el asiento del autobús o el vagón de tren de las siete de la mañana, en el silencio de quien traga saliva y sale a la calle a buscarse el pan con el alma tiritando.

Nos pasamos los días fingiendo que todo va bien, construyendo una fachada de éxito y bienestar, cuando la realidad es que la mitad de nosotros lleva una herida abierta en el  que nadie ve. Es una fractura silenciosa hecha de ausencias, de diagnósticos médicos que asustan, de llamadas que nunca llegan o de proyectos familiares que se rompieron en pedazos.

En medio de ese desierto cotidiano, despojados de cualquier adorno o postureo, es donde la fe deja de ser una costumbre dominical para convertirse en el único madero al que agarrarse en mitad del naufragio.

La Virgen del Rocío conoce bien de ese peso; sabe perfectamente lo que es criar a un hijo con lo puesto, huir a contrarreloj y ver cómo la injusticia se ceba con el inocente.

Por eso no necesita que le llevemos poesías ni justificaciones. A Almonte se llega con la verdad por delante, con los ojos empañados y el corazón en carne viva, sabiendo que en esa bendita casa nadie te va a juzgar por tus caídas.

No por ser cristianos se nos pide un expediente de buena conducta, sino tener la valentía de sostenerle la mirada a su Pequeño, al Pastorcito Divino, y decirle por lo bajini: «No puedo más, ayúdame». Y en ese mismo instante, en el rincón más oscuro de la habitación o frente a su altar, se hace la luz.

El egoísmo se diluye, el rencor que nos envenenaba el día se vuelve pequeño y descubrimos que la única revolución que salva al ser humano es la de la ternura compartida.

No busquemos más excusas ni esperemos a que las cosas cambien para ser mejores hermanos. Miremos al que sufre a nuestro lado, perdonemos las deudas pendientes y dejémonos acunar por esa Madre que nos sostiene los pasos cuando las piernas ya no dan para más.

Francisca Durán Redondo

Directora de periodicorociero.es

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