DIRECCIÓN PERIÓDICO ROCIERO | Francisca Durán Redondo | Mírate las manos. Míratelas bien. A veces pasamos semanas enteras con los puños cerrados, apretando los dientes, corriendo hacia ninguna parte como si la vida fuera una competición de velocidad.
Nos hemos vuelto expertos en ponernos una armadura para que nadie note nuestras debilidades, nuestros miedos o esa tremenda necesidad de afecto que nos muerde por dentro. Nos da pánico mostrarnos vulnerables, y en ese empeño por parecer fuertes, nos estamos volviendo de piedra.
Nadie se salva solo. La compasión real te obliga a reaccionar, a dejar que el sufrimiento del otro te parta el pecho por la mitad y te mueva a compartir el peso de su carga, desnudándote de comodidades para abrigar a quien de verdad tiene frío.
Salgamos de esa burbuja de egoísmo que nos asfixia. Busquemos el norte que verdaderamente importa, ese que no se compra con dinero ni se mide en éxitos efímeros.
Toda la existencia se resume y cobra sentido en una sola presencia: la Virgen del Rocío. Ella no necesita discursos ensayados ni frases vacías. Sabe perfectamente quiénes somos cuando nos quitamos las máscaras cotidianas. Es la Madre que nos recoge los pedazos cuando nos rompemos, el regazo tierno donde podemos llorar sin vergüenza y encontrar un perdón absoluto.
La Virgen, en sus brazos, sostiene al Niño Jesús, a quien los rocieros llamamos Pastorcito Divino. Ese pequeño nos desarma con su sola presencia, nos baja los humos y nos dicta la única lección que de verdad transforma la vida: que la grandeza habita en la pureza del corazón. Ellos dos son el motor invisible de cada palabra que se escribe en este periódico. No somos nada sin su guía, y no queremos mirar a otra parte que no sea su bendito rostro, el único faro capaz de cambiar el mundo a base de puro amor.
Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es







