InicioARTÍCULOSTrae tu mano, métela en mi costado

Trae tu mano, métela en mi costado

En los relatos evangélicos de reconocimiento del Resucitado, los discípulos nos cuentan cómo han tenido encuentros personales o comunitarios con Jesús llenos de vida; cómo Jesús que había quedado oculto por las garras de la muerte les da una nueva oportunidad, se vuelve a encontrar con ellos vivo. Era el mismo, pero no lo mismo.

Aquél que les había llamado, les había invitado a seguirle, les había propuesto el proyecto de su reino, y ellos habían abandonado tras el escándalo de la cruz. Les vuelve a ofrecer salvación, liberación, renovación. Lo decisivo es que recuerdan las palabras de Jesús, sus actitudes en las largas caminatas de Galilea, como PALABRAS, HECHOS DEL QUE ESTÁ VIVO Y LES SIGUE HABLANDO CON LA FUERZA DEL ESPÍRITU.

La Resurrección da a la vida de Jesús una actualidad permanente, actual: sigue perdonando, llamando a seguirle; acogiendo a los pobres.

Los discípulos se sienten regenerados: vivían orando, compartiendo, en una fraternidad increíble y una unidad que les llevaba a hacer signos y prodigios en nombre del Resucitado. Superando los miedos a abrirse a la vida, volvieron a Galilea, precedidos por Él, con Él en el centro, con una fe más plena para su vida y misión evangelizadora.

Volver a Jerusalén era lo más fácil, era volver a lo institucional, lo reglado, al cumplimiento. Recomenzar en Galilea es anunciar la posibilidad de un mundo más humano, compasivo, misericordioso y solidario.

Es seguir confiando en el valor del servicio, del testimonio de la verdad; es tener verdadera pasión por los crucificados de nuestro mundo; es asumir el fracaso de la cruz como camino de vida y felicidad.

Redacción periódico rociero / Fray Pedro Juan Alonso / Madrid

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