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Latido de siete años

El calendario rociero ha querido que este 2026 no sea un año cualquiera. En el horizonte de todo rociero se dibuja una doble alegría, un sentimiento que desborda el alma y que nos hace vivir en una víspera constante. Porque este año, la fe no se detiene en las arenas de la aldea, sino que se prolonga en el tiempo buscando la cal de las calles almonteñas.

El Rocío vive ya inmerso en una cuenta atrás que acelera los pulsos. Aunque nuestros sentidos están puestos en la inminente Romería, en ese Pentecostés donde la Blanca Paloma volverá a cruzar el dintel de su Santuario, hay un pensamiento que vuela más allá, hacia el mes de agosto. Estamos en año de Venida, ese ciclo bendito de cada siete años que marca la vida de todo un pueblo y de miles de devotos.

Este 2026 es especial porque nos regala la oportunidad de vivir dos veces la intensidad de su mirada: Primero en la marisma, bajo el sol de mayo, y después en ese traslado histórico donde, pastora entre los suyos, la Virgen regresará a Almonte.

Es un año para paladear cada momento, para preparar el corazón con más mimo si cabe, sabiendo que la espera se verá recompensada con la estampa de la Reina de las Marismas cruzando los llanos hacia su parroquia de la Asunción.

La fe se renueva en cada centenario, pero se hace carne en estos años de gracia. Mientras contamos los días para verla de nuevo sobre sus andas, la hermandad se fortalece en la esperanza.

Que siempre volvamos a sentir que, a su lado, nunca caminamos solos. El Rocío nos espera, pero Almonte ya sueña con verla llegar.

 

Francisca Durán Redondo

Directora de periodicorociero.es

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