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La fe de un pueblo que conquistó el mundo

PERIÓDICO ROCIERO | La fe de un pueblo que no conoce fronteras ha convertido la devoción a su Patrona en el legado espiritual más universal de nuestra tierra.

Hay una verdad que resuena con fuerza cada vez que el calendario nos acerca a Pentecostés y es que el Rocío no sería lo que es sin la entrega incondicional del pueblo de Almonte. La grandeza de esta tierra no se mide solo por sus paisajes de Doñana o la blancura de sus calles, sino por la capacidad asombrosa de sus hijos para custodiar, proteger y, sobre todo, compartir el tesoro más grande que poseen: la devoción a su Patrona.

A lo largo de los siglos los almonteños han sabido transmitir de padres a hijos ese amor por la Blanca Paloma con una pureza que estremece. Lo que comenzó como un fervor local entre pinos y marismas se ha convertido gracias al tesón de este pueblo en un fenómeno de fe que traspasa cualquier límite geográfico. Almonte no ha guardado su tesoro bajo llave sino que ha abierto de par en par las puertas de su Santuario para que Andalucía entera, España y rincones lejanos fuera de nuestras fronteras sientan como propio el latido de la aldea.

Es admirable ver cómo una devoción tan íntima y propia de un pueblo ha llegado a ser el nexo de unión de millones de personas. Esa generosidad almonteña de hacerse guía y faro del mundo rociero es lo que ha permitido que hoy en cualquier lugar del mundo una medalla colgada al cuello sea símbolo de esperanza. Han sabido ser guardianes de la esencia y a la vez misioneros de una alegría que solo se entiende cuando se mira a los ojos a la Reina de las Marismas.

Hoy el mundo entero mira hacia Almonte con gratitud. Porque gracias a que este pueblo mantuvo encendida la llama de la fe en tiempos difíciles hoy todos podemos sentirnos parte de esta gran familia. Almonte es la raíz pero su ramaje ya cubre el cielo de medio mundo, demostrando que cuando un pueblo ama a su Patrona de esa manera tan honda la devoción termina por ser un idioma universal que todos sabemos rezar.

Francisca Durán Redondo

Directora de periodicorociero.es

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