PERIÓDICO ROCIERO | Francisca Durán Redondo | El Rocío es un mar de sentimientos que desborda el corazón. Durante los días grandes de la romería, más de un millón de almas llenan sus calles mágicas. El aire se inunda con un ruido hermoso de tambores, cantos llenos de vida y palmas llenas de pasión.
Los caballos caminan con elegancia y la fe se respira en cada rincón. En medio de este gran remolino de emoción, cualquiera podría pensar que es fácil perderse y quedar en el olvido. Parece imposible que un alma sola pueda ser escuchada entre tanta fuerza y tanto grito de devoción.
Sin embargo, en esa aldea bendita ocurre el milagro más puro del mundo cada año. La Virgen del Rocío no ve una masa de personas sin rostro ni nombre. Ella nos mira a todos por igual con unos ojos llenos de amor tierno.
Su mirada no entiende de distancias ni de barreras. Para Ella, nadie es invisible ni nadie se queda atrás en el camino. No le importa el lugar que ocupas, ni tu riqueza, ni tus penas, ni tu suerte en la vida. Ella solo ve tu corazón desnudo.
Esa mirada sagrada limpia de golpe todo el ruido de la tierra y trae una paz infinita a tu alma. Entre un millón de voces que le gritan al mismo tiempo con fuerza, Ella es capaz de escuchar tu rezo más callado. Sabe muy bien cómo te llamas, qué herida te duele por dentro y qué promesa vienes a cumplir con lágrimas en los ojos.
Su luz traspasa la multitud entera para abrazarte de forma directa y única. Al final, la romería no es solo una gran fiesta compartida por un pueblo. Es un encuentro cara a cara entre Ella y tú. Entre un millón de almas rotas y alegres, Ella siempre sabe encontrarte.
Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es







