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El refugio para el alma en los ojos de la Virgen del Rocío

PERIÓDICO ROCIERO | Francisca Durán Redondo | Cuando el mundo se vuelve ruido y el cansancio aprieta tras los días de camino, existe un refugio exacto donde el tiempo se detiene por completo. Son los ojos de la Virgen del Rocío, dos luceros limpios y serenos que aguardan en el altar almonteño para devolver la paz a cada romero, ofreciendo una caricia invisible que cura las penas y alivia los dolores del cuerpo y del espíritu.

Plantarse frente a la Blanca Paloma y buscar su mirada, es el instante más esperado por los miles de devotos que acuden a su santuario. En sus ojos no hay juicios ni distancias; solo habita un océano de misericordia infinita que parece comprender de golpe cada promesa callada, cada lágrima derramada y cada súplica que el peregrino ha ido masticando en silencio a lo largo de los senderos. Es una mirada que abraza con la ternura de una madre y que posee la fuerza suficiente para sanar los corazones más heridos.

Esa luz que desprenden sus ojos no se apaga cuando el visitante da la espalda al altar para iniciar el viaje de vuelta a su localidad. Quien ha mirado fijamente a la Señora, se lleva grabado ese brillo en el recuerdo transformándolo en un faro que ilumina las jornadas oscuras de la rutina diaria.

La paz que se respira en el santuario se convierte de este modo en un tesoro permanente, un bálsamo de fe que acompaña a los hermanos en sus hogares y que les recuerda constantemente que nunca caminan en soledad por la vida.

Por todo ello, los ojos de la Reina de las Marismas son el verdadero destino de esta hermosa devoción. En un cruce de miradas con la Madre de Dios, se resume el sentido de todo Pentecostés pues en la hondura de su expresión se esconde el reflejo del cielo y el amor tierno hacia su Pastorcito Divino. Que esa mirada clara nos custodie siempre, alivie nuestras cargas cotidianas y nos conceda la gracia de vivir con el alma limpia y llena de su eterna serenidad.

Francisca Durán Redondo

Directora de periodicorociero.es

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