PERIÓDICO ROCIERO | La provincia de Jaén custodia una arraigada tradición de fe que se extiende desde sus campos de olivos hasta las tierras bajas del sur andaluz. En este mapa devocional, el municipio de Linares ocupa un lugar preeminente gracias al tesón de su comunidad mariana.
La Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Linares personifica el esfuerzo colectivo de una ciudad que, tras años de dedicación e implicación parroquial, logró integrarse de pleno derecho en la gran familia almonteña.
El origen formal de esta corporación se sitúa el 11 de mayo de 1995, fecha en la que un grupo de cristianos de la localidad se unió con el firme propósito de encauzar de forma organizada su devoción. Los primeros pasos institucionales se consolidaron canónicamente a inicios de 2006 mediante el reconocimiento eclesiástico del Obispado de Jaén.
Durante su periodo de crecimiento y maduración litúrgica, la entidad contó con el valioso respaldo de la Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Utrera, que ejerció como su corporación madrina, guiándola hasta su plena autonomía.
Un momento cumbre en el devenir histórico de la asociación se produjo el 3 de diciembre de 2019. En esa jornada, la Hermandad Matriz de Almonte anunció oficialmente su designación como filial número 125, convirtiéndose además en la sexta hermandad de la provincia de Jaén en alcanzar este rango. Este nombramiento supuso el refrendo a casi un cuarto de siglo de cultos, caridad y vida comunitaria.
La sede de la hermandad se encuentra establecida en la Parroquia de Santa Bárbara, un templo estrechamente ligado a la identidad minera de Linares. Desde este punto neurálgico, la corporación organiza sus cultos mensuales, pregones y actividades benéficas destinadas a los colectivos más desfavorecidos de la comarca.
El Simpecado linarense destaca como la pieza patrimonial más importante de la hermandad, congregando cada año a los peregrinos que inician su viaje primaveral hacia la provincia de Huelva.
Periódico Rociero / Tino Álvarez / Linares







