PERIÓDICO ROCIERO | La Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Albaida del Aljarafe es pura poesía en movimiento. Nació como un sueño humilde de sus vecinos en el año 1994. Con el tiempo y mucho esfuerzo, ese sueño se convirtió en una hermosa realidad oficial en el año 2004. Una década después, la Hermandad Matriz de Almonte la nombró la filial número 113. Desde entonces, este trocito de tierra sevillana llena los caminos de una fe eterna que sale directo del corazón.
Albaida es un pueblo con un alma rociera muy antigua. Hace muchos años, los abuelos del lugar no tenían una hermandad propia. Hacían el largo camino montados en humildes borricos o a pie por senderos difíciles. Lo daban todo y pasaban fatigas solo por ver un instante a la Virgen. Hoy en día, esa herencia de amor vive con fuerza en su preciosa carreta de plata y en su Simpecado, el estandarte sagrado que guarda los rezos, las promesas y las esperanzas de todo un pueblo.
Cuando la hermandad sale a la calle, el tiempo parece detenerse por completo. Las flores frescas inundan el aire del pueblo con el aroma dulce del Aljarafe. El sonido del tamboril y la flauta despierta las lágrimas de los vecinos que miran salir la carreta con emoción. En ese momento, el caminar de la corporación se llena de un cariño muy especial junto a la Hermandad de Espartinas, su querida madrina en la fe que siempre la acompaña con orgullo.
El momento más emocionante y mágico del viaje llega cuando la hermandad alcanza las aguas benditas del Vado de Quema. Allí, los bueyes meten sus patas en el río con una suavidad asombrosa. Los romeros cantan con el corazón en la garganta y bautizan con agua a los nuevos peregrinos entre risas y llanto. Es un instante único donde se olvida todo el cansancio del viaje y solo vale la alegría de estar un paso más cerca de la Blanca Paloma.
Albaida demuestra cada año que no hace falta ser la hermandad más antigua para tener la devoción más grande del mundo. En cada parada del camino, en cada noche bajo las estrellas y en cada rincón de la aldea, los rocieros de Albaida llevan el nombre de su pueblo con un orgullo limpio. Saben que, al final de las arenas, la Virgen los espera para mirar sus almas desnudas y regalarles su bendición de Madre.
Periódico rociero / Manuel M. Martín / Albaida del Aljarafe







