PERIÓDICO ROCIERO | La liturgia dominical correspondiente al dieciséis de agosto de dos mil veintiséis nos presenta, a través del texto evangélico según san Mateo, el conmovedor encuentro entre Jesús y la mujer cananea en los territorios de Tiro y Sidón.
Esta escena, marcada por la súplica insistente de una madre extranjera en favor de su hija enferma, contiene una enseñanza fundamental sobre los límites de la fraternidad humana y la amplitud de la gracia divina.
Al principio, la respuesta del Maestro simula la rigidez de las estructuras tradicionales de exclusión, pero la insistencia cargada de humildad de la mujer termina por conmoverlo, provocando el elogio hacia su fe y la inmediata curación de la joven. El mensaje es nítido: la salvación y la acogida de la divinidad no pertenecen a un único pueblo ni se restringen a un territorio geográfico delimitado, sino que se extienden a toda persona dispuesta a acercarse con un corazón desprovisto de orgullo.
Este principio de universalidad e inclusión encuentra un reflejo directo en la vida, organización y sentido eclesial de las Hermandades del Rocío. Su verdadera dimensión espiritual radica en su capacidad para actuar como un punto de encuentro donde desaparecen las diferencias de origen, condición social o procedencia geográfica, asumiendo una labor similar a la de aquella mesa evangélica de la que todos participan.
Al igual que la mujer cananea rompió los prejuicios de su época para postrarse ante la divinidad, miles de personas se aproximan anualmente al santuario superando distancias físicas y barreras culturales, encontrando en el espacio sagrado un ámbito de plena ciudadanía espiritual donde nadie es considerado extranjero o excluido.
Que la Virgen del Rocío nos ayude a acercarnos al Señor con una fe que acabe conmoviendo su corazón.
Periódico rociero / J.Ruiz Sacerdote S.J. / Salamanca







