Hoy no es cualquier martes, porque estamos inmersos en el recorrido de la Pasión del Señor a través de la Semana Santa, que comenzaba antes de ayer y que, poco a poco, nos irá llevando hasta la celebración del triduo pascual.
Cada uno de estos días previos, hasta que llegue ese momento, nos ofrece la posibilidad de que se produzca en nuestros corazones el cambio anhelado que deseamos en nuestro interior.
Ese cambio nos acerca al Señor, del que nos alejamos con más facilidad de la cuenta, con todas y cada una de las actitudes que no pasan por la luz del Evangelio, que no tienen nada que ver con lo que decimos creer y luego hacemos.
Vivimos en una constante contradicción, somos católicos, somos cristianos, pero el modo en que nos comportamos, la forma en la que hablamos a los demás, que actuamos ante cada circunstancia, parece traducir lo contrario.
Hagamos que esta Semana Santa sea distinta, y dispongamos nuestros corazones a salir de nuestra falta de fe, de valores; de la indiferencia con la que pretendemos vivir.
No es fácil permanecer de espaldas a Dios y eso es a lo que la Virgen nos invita cada vez que oramos a Ella, y la contemplamos en la imagen de Nuestra Señora del Rocío, que nos enseña a Jesús en sus manos.
Pongámonos en las manos de la Virgen del Rocío, no nos apartemos de Ella, no tengamos miedo a estar cerca de su corazón, que es la entrada al gran misterio de Jesús de Nazaret.
No hay nada en este mundo como rogar a la Virgen que nos enseñe a querer a su Hijo con todas las consecuencias para que esos deseos se hagan realidad, porque tampoco hay nada que llene tanto como conocerle a Él, sentirlo dentro de nuestros corazones y asumir que sin Él no podemos nada, porque quien tiene a Dios tiene en su vida la verdadera Vida.
Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es









