PERIÓDICO ROCIERO | Francisca Durán Redondo | El Rocío vuelve a obrar el prodigio gracias al sacrificio infinito de miles de romeros que, venciendo la distancia y el cansancio, ya aguardan su instante de gloria ante las plantas de la Santísima Virgen.
El camino llega a su fin y la recompensa rompe en lágrimas. Detrás quedan los días de polvo, el sol implacable, el frío de las noches al raso y el esfuerzo titánico de tantas hermandades que, llegando desde los rincones más cercanos de Andalucía o desafiando la lejanía desde tierras distantes, han completado su entrega anual.
No importan los kilómetros ni el cansancio acumulado; el motor que mueve esta bendita locura es un amor inquebrantable que hoy se vuelve recompensa eterna en el corazón de la aldea.
El momento culminante de este esfuerzo colectivo se vive a las puertas del Santuario, en ese preciso instante en que el Simpecado se detiene y las miradas se cruzan. Allí espera, con los brazos abiertos y el corazón dispuesto, la Hermandad Matriz de Almonte para dar la bienvenida a cada filial.
Ese encuentro es el abrazo de todo un pueblo, un instante suspendido en el tiempo donde la fatiga se evapora para convertirse en pura emoción, vivas rotos y un agradecimiento eterno por haber llegado, un año más, a las plantas de la Santísima Virgen del Rocío.
Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es







