InicioARTÍCULOSEscacena del Campo rinde su alma ante la Blanca Paloma

Escacena del Campo rinde su alma ante la Blanca Paloma

PERIÓDICO ROCIERO | Cuando la primavera estalla en el Condado de Huelva y el aire huele a jara y a marisma, Escacena del Campo se convierte en un suspiro de fe que mira con nostalgia y alegría hacia las arenas de Almonte. Su filial rociera es el vivo ejemplo de cómo un pueblo entero es capaz de meter su alma dentro de una carreta para llevarla en peregrinación ante la mirada de la Reina de las Marismas.

Hay un momento exacto en el año donde el tiempo se detiene por completo en Escacena del Campo. Ocurre cuando el primer toque de tamboril rompe el silencio de la mañana frente a la Parroquia del Divino Salvador. En ese instante, los relojes dejan de importar y el calendario local se reduce a una sola palabra: Rocío. Esta corporación no se limita a realizar un camino de ida y vuelta; es el motor que mantiene encendida la llama de una devoción heredada, el cordón umbilical que une a generaciones de abuelos, padres e hijos bajo una misma medalla.

Hacer el camino con la hermandad de Escacena es adentrarse en una experiencia para los sentidos donde impera la hospitalidad y la sencillez. Al ver avanzar su carreta tirada por bueyes, adornada con el mimo que solo el amor ciego puede profesar, se comprende la grandeza de esta filial número 98 de la Matriz almonteña. El sonido de los cascos de los caballos sobre el asfalto que se despide, el crujir de las ruedas buscando la primera duna y las voces rotas cantando por sevillanas a la caída de la tarde configuran un lienzo vivo que emociona a todo aquel que decide sumarse a su comitiva.

Lo verdaderamente atractivo de esta corporación es su inquebrantable sentido de la hermandad en el sentido más estricto de la palabra. En sus sesteos y pernoctas, en sus paradas rocieras, no hay extraños; la comida se comparte, el agua se ofrece con generosidad y los rezos del rosario nocturno se elevan en un coro unánime que eriza la piel. Escacena del Campo no solo camina; avanza, reza y canta con una fuerza arrolladora, demostrando que su devoción a la Blanca Paloma es un tesoro inmaterial que engrandece cada año el sendero de los corazones rocieros.

Periódico rociero / Alba Rosado / Escacena del Campo

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