DIRECCIÓN PERIÓDICO ROCIERO | Francisca Durán Redondo | Estrenar un folio en el calendario es siempre una invitación a renovar las ganas, un soplo de aire fresco que nos empuja a encarar los días venideros con una sonrisa sincera y dispuesta.
Hoy inauguramos este mes sin miedos ni reservas, despojándonos de las dudas que a veces arrastramos del pasado y abrazando cada jornada con el entusiasmo propio de quienes se saben bendecidos. La fuerza del Evangelio y el espíritu cristiano nos enseñan que cada nuevo amanecer es un regalo del Señor para sembrar optimismo, para tender puentes y para vivir sabiendo que el bien siempre guía nuestros pasos si dejamos que el amor sea el motor de nuestras acciones cotidianas.
No sabemos qué nos depararán las próximas semanas, ni qué vientos soplarán en nuestras rutinas, yo espero que todo sea bueno, pero iniciamos este trayecto con la tranquilidad de quien viaja ligero de equipaje.
Qué hermoso es desterrar la queja de nuestras conversaciones y sustituirla por palabras de aliento, convirtiendo la convivencia en una fiesta compartida donde abunde la generosidad y el buen humor. La fe no es un refugio para días grises, sino una hoguera que debe prender con fuerza en mitad de la vida corriente, recordándonos que nuestro deber primordial es contagiar esperanza a cada persona que se cruce en nuestro camino durante este nuevo ciclo que comienza.
Todo este recorrido que hoy arranca, con sus proyectos, sus anhelos y sus lógicas incertidumbres, lo pongo desde este mismo instante con confianza infinita en las manos de la Virgen del Rocío. Ella es el puerto seguro donde depositamos las intenciones de nuestra gran familia, la Madre que organiza los tiempos con una ternura que desarma cualquier prisa terrenal. Saber que cada día de este mes estará bajo su custodia divina nos devuelve la paz y nos permite caminar firmes, sabiendo que su amparo celestial no nos va a faltar.
Comienzo la primera jornada de este mes en la redacción con el ánimo encendido, contemplándola a Ella sosteniendo al Pastorcito Divino en sus brazos con esa delicadeza que estremece el alma. En Ella encontramos la fuerza necesaria para encarar el otoño con una vitalidad renovada.
Saboreemos cada minuto, compartiendo el entusiasmo de nuestra devoción y demostrando con la vida misma que, cuando nos entregamos por entero a su protección, no existe jornada que no se convierta en una auténtica bendición desde el cielo.
Francisca Durán Redondo
Dirección periódico rociero







