DIRECCIÓN PERIÓDICO ROCIERO | Francisca Durán Redondo | Hay quienes observan a los jóvenes de hoy con una mezcla de recelo y desconcierto, etiquetando sus prisas, sus pantallas y su aparente desapego como los síntomas definitivos de una sociedad vacía. Se equivocan. Se equivocan porque miden la trascendencia con los moldes del siglo pasado, sin entender que el compromiso del alma no entiende de modas ni se rompe por el ruido del mundo moderno.
La juventud tiene sus propios códigos, sus batallas invisibles y una necesidad imperiosa de autenticidad que no se conforma con discursos heredados. Lo hermoso de la fe no es que se mantenga intacta en una vitrina, sino que sea capaz de encarnarse, con toda su fuerza y su rebeldía, en los rostros de quienes empiezan a descubrir la vida.
El verdadero milagro sucede cuando el murmullo de la calle se apaga y esos mismos jóvenes se plantan, sin escudos ni artificios, ante la Virgen del Rocío. En ese instante de silencio absoluto, las posturas ceden y el orgullo se disuelve por completo. No necesitan que nadie les explique el misterio; les basta con cruzar su mirada con la de la Madre y contemplar la inocencia del Pastorcito Divino para comprender que sus dudas, sus miedos y sus anhelos más profundos tienen un hogar seguro.
Es una lección de humildad y de amor que se graba a fuego en el pecho, transformando la energía desbordante de la edad en un motor de entrega generosa hacia los demás.
Ver a las nuevas generaciones asumir el testigo en las hermandades no es una simple cuestión de contabilidad, sino la garantía de que el hilo de la devoción sigue vivo y con fuerza renovada.
Son ellos los que llenan las dependencias de risas, los que se implican a fondo para sacar adelante cualquier proyecto benéfico y los que, con su testimonio valiente, demuestran que la opción por los valores marianos sigue siendo la aventura más revolucionaria posible.
Su presencia no es el mañana de nuestra fe; es el presente rotundo que nos sostiene y nos empuja a seguir avanzando, sabiendo que, mientras haya un joven que busque refugio en su regazo, el porvenir estará asegurado para siempre.
Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es







