DIRECCIÓN PERIÓDICO ROCIERO | Francisca Durán Redondo | A veces me detengo antes de que las manos toquen las teclas, contemplando el lienzo en blanco que precede a cada jornada, y me sobrecoge una gratitud inmensa que apenas me cabe en el corazón.
Qué misterio tan hermoso es la vida y qué generoso el destino que me permite despertar cada mañana con el único propósito de hablar de aquello que le da sentido a mi existencia.
Escribir desde este balcón que es la editorial, dirigir mi palabra diaria a tantos hogares y a tantos corazones desde periódico rociero, no es para mí un oficio ni una rutina periodística; es el regalo más grande que jamás pude imaginar, la historia misma de mis días, contada a través de la devoción más pura.
Tener la oportunidad de plasmar en palabras el amor de mis amores, que es la Virgen del Rocío, se convierte cada jornada en un ejercicio de desprendimiento y de fe. Sé perfectamente que frente a la magnitud de lo que Ella representa, mis líneas son solo pequeños destellos, torpes intentos de describir lo inefable. Sin embargo, en la intimidad del silencio, cuando busco la inspiración para conectar con quienes estáis al otro lado, tengo la firme certeza de que no soy yo quien dicta el rumbo del texto. Es Ella, con esa discreta ternura de Madre, la que va ordenando mis pensamientos, apaciguando mis dudas y guiando el trazo de cada frase para que llegue justo a donde se necesita, transformando mis propias emociones en un mensaje de esperanza y de unión.
Vivir la vida desde este prisma es entender que cada editorial, cada crónica y cada reflexión compartida es una forma de oración y un testimonio vivo de agradecimiento.
Poder aunar a tantas personas en este espacio, sabiendo que compartimos un mismo sentir que se inclina ante su rostro divino y la inocencia del Pastorcito Divino, justifica cualquier desvelo.
Mientras tenga aliento y las palabras me sostengan, este rincón seguirá siendo vuestra casa, un faro humilde sostenido por la mano de la Virgen, desde el cual seguiré pregonando, día tras día, la inmensa fortuna de sabernos infinitamente amados por Ella.
Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es







