InicioEditorialDos orillas de un mismo amor: El Rocío y El Carmen

Dos orillas de un mismo amor: El Rocío y El Carmen

DIRECCIÓN PERIÓDICO ROCIERO | Francisca Durán Redondo | El calendario nos sitúa ante una de las jornadas más hermosas y radiantes de todo el verano. Hoy, dieciséis de julio, los campanarios anuncian con júbilo la festividad de la Santísima Virgen del Carmen.

Al contemplar la devoción que inunda nuestras calles, resulta imposible para un corazón rociero no sentir una profunda y sincera emoción. Descubrimos, con la alegría que da la fe, que la distancia entre las marismas y el carmelo se diluye por completo, porque estamos ante la misma Madre de Dios que sale a nuestro encuentro vistiendo ropajes distintos para ofrecernos idéntico amparo celestial.

Quien vive con el alma puesta en la Virgen del Rocío comprende a la perfección el sentimiento de gratitud de quienes hoy se cobijan bajo el Santo Escapulario. Ambos rostros reflejan la misma ternura y nos invitan a enfocar nuestra existencia desde la generosidad y el amor al prójimo.

La humildad que aprendemos cada día ante los ojos de la Madre del Rocío es la misma sencillez que hoy adorna las andas carmelitas. Ella se convierte siempre en el nexo perfecto que une a nuestras familias, que estrecha los lazos entre corazones y que despierta en nosotros el deseo sincero de practicar una caridad activa con quienes más lo necesitan.

El Pastorcito Divino, que habitualmente nos mira con realeza infantil en su santuario, se nos presenta hoy en el regazo bendito del Carmen recordándonos que el amor de Dios se hizo pequeño para estar cerca de todos.

Sostener la mano de la Virgen en este día de fiesta es comprender que la devoción no divide, sino que suma y enriquece. Su ejemplo de entrega absoluta al Señor llena el alma de una fuerza renovada, que nos impulsa a edificar un día a día donde la bondad, la atención a los enfermos y la solidaridad con el desvalido sean nuestras verdaderas prioridades cotidianas.

Celebrar hoy a la Virgen del Carmen, manteniendo intacto el latido constante de nuestra devoción a la Virgen del Rocío, es constatar que el amor cristiano es una fuente inagotable de esperanza.

Que esta maravillosa unión de afectos ilumine nuestras acciones, nos mueva a compartir los bienes materiales y espirituales, y nos recuerde que, ya sea bajo el sol marismeño o con el aroma a sal de este día, caminamos siempre seguros y felices de la mano de nuestra Madre.

Francisca Durán Redondo

Directora de periodicorociero.es

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