PERIÓDICO ROCIERO | La Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Umbrete ocupa un lugar de absoluto privilegio en la historia de la devoción andaluza. Fundada oficialmente en el año 1814, esta corporación del Aljarafe sevillano ostenta el título de ser la séptima filial de la matriz almonteña, una condición que la convierte en uno de los pilares tradicionales más antiguos, respetados y significativos de cuantos acuden anualmente a las tierras de Almonte.
Su trayectoria de más de dos siglos es el fiel reflejo de la identidad de un pueblo que se organiza, vive y se expresa a través de sus ritos anuales y de una fidelidad comunitaria que ha sabido transmitirse intacta de padres a hijos.
El patrimonio de la hermandad es una manifestación artística y material de este hondo sentimiento colectivo. Entre sus tesoros más preciados destaca, sin duda, su Simpecado, una pieza de un valor histórico y artístico incalculable.
Bordado con hilos de oro y sedas de múltiples colores sobre un fondo de terciopelo, el emblema recoge en su centro la imagen de la Santísima Virgen, concentrando las miradas de los fieles durante los cultos religiosos y los actos públicos. El carretón que cobija esta insignia durante su peregrinación anual es también una obra maestra de la artesanía local; sus maderas labradas, las líneas clásicas de su arquitectura y la esmerada decoración floral que lo acompaña en cada salida procesional constituyen un símbolo inconfundible de la sobriedad y la elegancia que caracterizan a los romeros de esta localidad.
Cada primavera, la salida del pueblo se convierte en un acontecimiento que paraliza por completo la actividad cotidiana de la Villa de Umbrete. Los vecinos se echan a la calle para despedir a la comitiva en un ritual que mezcla el recogimiento sagrado con la alegría del reencuentro. El itinerario de la hermandad está marcado por enclaves geográficos fijos que repiten de forma matemática los mismos horarios y costumbres desde hace generaciones. El paso por las arenas, las pernoctas bajo el cielo abierto y el cruce de sotos y pinares no son meros trámites de transporte, sino estaciones de convivencia donde los hermanos comparten la comida, el descanso y la oración litúrgica, reforzando los vínculos de vecindad que los unen durante el resto del año en sus tareas diarias.
La llegada a la aldea almonteña representa la culminación de este esfuerzo colectivo y el inicio de los cultos principales. La Hermandad de Umbrete, debido a su antigüedad, goza de un protocolo específico y un orden de paso preferente en los actos oficiales organizados por la Hermandad Matriz, como la presentación oficial ante las puertas del santuario. La estancia en la aldea transforma la convivencia en un ejercicio de puertas abiertas en las casas de hermandad, donde se recibe a visitantes, parientes y peregrinos de otras localidades con la hospitalidad que define al carácter aljarafeño.
El punto culminante de estos días se vive en la mañana del lunes, cuando los portadores se acercan a la comitiva umbreteña, momento en que los rostros de los fieles reflejan la gratitud y la memoria de las peticiones de todo un pueblo que deposita sus esperanzas en el patronazgo mariano.
Periódico rociero / Rosa Castro / Umbrete







