PERIÓDICO ROCIERO | Francisca Durán Redondo | La romería del Rocío es un camino de ida y vuelta donde los romeros entregan su esfuerzo a cambio de un instante eterno frente a la Blanca Paloma. Sin embargo, este año, la alegría del reencuentro se ha tornado en una profunda melancolía para muchas de nuestras hermandades filiales.
Los devastadores incendios acontecidos en el entorno del Parque Nacional de Doñana han obligado a alterar de forma abrupta los itinerarios tradicionales de regreso, privando a miles de peregrinos de transitar de regreso a casa por esos parajes sagrados donde la fe se hace paisaje y el silencio se vuelve oración.
Ver cómo las llamas devoran la naturaleza es un golpe durísimo para el alma rociera, que entiende Doñana no solo como un tesoro ecológico, sino como el gran templo natural que cobija sus promesas. Modificar la ruta habitual, renunciar a los sotos conocidos, a los pinos de siempre y a las pernoctas donde tantas generaciones han compartido el pan y la sevillana, deja un vacío inmenso en el pecho de los romeros.
Es un regreso atípico, marcado por el eco del sonido que dejaron las sirenas en la distancia en lugar del toque del tamboril, y por el humo que empaña unos ojos que aún guardaban la luz de la mirada de la Virgen.
Desde periodicorociero.es queremos enviar nuestro más profundo abrazo y reconocimiento a todas las hermandades afectadas por esta dolorosa situación. Vuestra ejemplar capacidad de adaptación, vuestra disciplina ante las indicaciones de las autoridades y la entereza con la que habéis asumido este contratiempo son el vivo reflejo de los verdaderos valores rocieros.
El Rocío no es solo un mapa geográfico ni unos senderos de arena determinados; el Rocío viaja en el interior de cada carreta, de cada tractor, de cada carriola; en la fraternidad que demostráis en las rutas alternativas y en la solidaridad con una tierra herida que tanto nos da cada año.
El patrimonio natural se recuperará con el tiempo, y las arenas de Doñana volverán a limpiarse para recibir las huellas de los bueyes y los mulos en la próxima primavera.
Aunque la vuelta de este año sea distinta, más amarga y distante de los paisajes del alma, recordad que ninguna variación en el camino puede alejaros del verdadero destino. La devoción a la Reina de las Marismas permanece intacta, blindada contra el fuego y el viento, demostrando que vuestra promesa de amor es tan eterna como la fe que os guía de regreso a casa.
Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es







