La Real e Ilustre Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Moguer ha vivido con gran intensidad y fervor un nuevo encuentro con la Blanca Paloma. Tanto en la presentación oficial de las filiales como en la emotiva visita de la Reina de las Marismas a la casa hermandad, los romeros moguereños protagonizaron momentos llenos de devoción que han marcado una romería histórica para la cuarta filial más antigua.
MOGUER | Redacción periódico rociero | La peregrinación moguereña volvió a dar ejemplo de la solera y prestancia que la caracteriza desde hace más de tres siglos.
La romería de este año ha tenido un carácter tremendamente especial, ya que el Simpecado de plata de la corporación portó de manera inédita la Medalla de Oro de la Ciudad en su encuentro directo con la Virgen.
El alcalde de la localidad, Gustavo Cuéllar, participó como un peregrino más en el camino hacia la aldea almonteña, acompañando a la filial presidida por Manolo Morales y a los mayordomos de este año, la familia Cruzado González.
Uno de los momentos más singulares y tradicionales de la presentación de las hermandades se vivió de la mano de los bueyes de la familia Cascarilla, que volvieron a mostrar su extraordinaria doma al arrodillarse un año más ante la Blanca Paloma.
Por su parte, la casa hermandad, situada a escasos metros de la ermita, se convirtió durante todo el fin de semana en un hervidero de romeros. La convivencia alcanzó su punto álgido con la llegada de la Señora minutos antes de su regreso al santuario, en una procesión que destacó por la masiva afluencia de fieles. El martes, la hermandad iniciaba su camino de vuelta hacia Moguer con la satisfacción del deber cumplido.







